Continuando con lo acontecido esa tarde en el piso de mi hermana, debo decir que ella y mi cuñado fueron muy amables al invitarme a comer. Y esto es prácticamente lo único bueno que se puede extraer del cumplimiento de los designios compulsivos de mi madre, la convivencia y coordinación con tus familiares para llevarlos a a cabo. Una coordinación no demasiado buena, por cierto, ya que debido a mi invitación para comer y a la vigilancia de sus hijos, mi atareada hermana se hizo un corte profundo en la pierna al topar con la puerta del horno, cinco puntos de sutura. Debido a eso, mi cuñado tuvo que llevarla al ambulatorio y posponer su hora de siesta para compensar la vigilia de la noche anterior y el turno intensivo de mañana en su trabajo. Una vez remendada la pierna de mi hermana, mientras mi cuñado dormía, fuimos a visitar a nuestra abuela, que vive por las cercanías, y entre pitos y flautas tocaron las seis de la tarde.
Ya de vuelta al piso, nos encontramos a mi cuñado vaciando el armario, algo enfadado con mi hermana puesto que él pensaba que ella ya lo había vaciado la tarde anterior, y como el piso tiene un espacio limitado y todo lo que se vaciaba del armario obstaculizaba más aún la circulación por éste, la tarea se alargó hasta las siete y media. Total, que me quedé a cenar y acabamos descargando el armario ya desmontado en casa de mis padres a las diez y media de la noche. Lo más gracioso es que mi hermana se ha quedado con un armario menos donde guardar todas las cosas que tiene desparramadas por su piso y mi madre tiene más armarios que objetos para guardar en ellos.
